Doctor Fassman Tras la escena musical alternativa

22feb/102

Beach house alcanza la excelencia con Teen Dream

Teen DreamBeach House
Teen Dream (Sub Pop, 2010)
Mejor tema del disco: Zebra y Norway (Ex aequo).
Valoración: ★★★★★★★★★½

Hasta hace pocos meses Beach House eran una realidad que, a pesar de conocerla de oídas por sus recientes visitas a nuestro país en los últimos dos años, no le había dado la oportunidad de que entrase a formar parte de mi discoteca. Ahora, recién iniciado el año 2010, se presentan con este LP de título tan sugerente – sólo hay que hacer una búsqueda en el buscador de imágenes de Google para comprobarlo - que consolida lo previamente demostrado en un destacable debut, Beach House (2006) y un notable Devotion (2008).

He escuchado al menos una docena de veces Teen Dream desde que cayó en mis manos a principios de año. En un primer momento no dejaba de pensar en la insolencia, o cuanto menos la mala elección, de abrir el LP con un tema tan redondo y perfecto como Zebra, seguramente una de las mejores canciones pop de los últimos años,  me daba la impresión que la banda quemaba sus naves demasiado pronto. Pero escucha tras escucha descubrí que tras este maravilloso tema se ocultaban dos singles como un templo, Silver Soul y Norway, de esos que crecen a cada escucha y que a estas alturas de la película, con el LP más que madurado en la sesera, tal vez lleguen a superar al embriagador tema del equino en blanco y negro. Tenemos que alcanzar la pista cuatro para encontrar el primer tema terrenal, Walk in the park, sencillo y convencional, notable en líneas generales pero que en el marco de este monumental LP seguramente destaca por ser de lo más discreto del álbum. A partir de Used to be, otra sucesión de buenos temas con cénit en el épico 10 Mile Stereo, que un servidor ansía escuchar en directo por ver si la banda es capaz de transmitir la misma energía que desprende en su versión de estudio. Real Love me trae a la memoria las melancólicas composiciones de Daniel Johnston, al que ya versionaron en Devotion con tanto acierto, y es que ese cover de Some things last a long time es uno de los más brillantes que he podido escuchar de los que conforman la discografía del genio de Palm Springs. En líneas generales, si es que se puede generalizar ante esta obra, nos enfrentamos a un disco que mira adelante y marca una vereda en dirección a la próxima década con ambición y el descaro de una banda que en poco más de un lustro han pasado de ser unos completos desconocidos a contar con tres grandes LPs y una considerable legión de fans.

Y es que uno de los aspectos remarcables en la corta pero tan fructífera trayectoria de Beach House es la asunción de rol de banda creadora tan necesario en una escena tan acomodada el pop independiente norteamericano actual, muy dada al homenaje, al revival continuo y poco a la alquimia. El tan manido tópico del soplo de aire fresco está justificado al referirnos a este dúo de Baltimore, que ha conseguido articular un dream pop sin parecerse una pizca a tótems cómo Cocteau Twins o This Mortal Coil. Y es que tal vez lo que hagan Victoria Legrand y Alex Scally merezca ser rebautizado dentro un nuevo género, no sé, eso ya se lo dejamos a los amantes de las etiquetas. Yo me conformo con poder verlos por primera vez en la próxima edición del San Miguel Primavera Sound. Seguro que no defraudan.

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4feb/101

Impresiones del Tanned Tin 2010 (Primera parte)

Lo que a continuación sigue no puede considerarse en sí una crónica al uso del festival Tanned Tin ya que, por cuestiones personales no pude acudir más que a una parte de los conciertos de las jornadas del viernes y sábado, pero sirvan como apunte de lo allí visto, escuchado y, en la mayoría de los casos casos, disfrutado.

Tras varios años deseándolo, por fin se me dio la oportunidad de viajar a Castelló a disfrutar de uno de los festivales de música independiente con más solera y prestigio de Europa, el Tanned Tin.  Esta edición se mantuvo en vilo hasta pocas semanas antes de su celebración por falta de apoyo económico de los organismos públicos municipales y provinciales. Tras un primer cambio de fechas (el festival solía realizarse durante la primera quincena del mes de noviembre) se planteó un cambio de sede. Se barajaban los nombres de – principalmente - Valladolid y Tarragona. Finalmente, una - modesta – inyección de capital público castellonense permitió que el festival no se moviera de la capital de La Plana. Y la verdad, después de visitar el Teatre Principal de Castelló, hay que congratularse de que así haya sido. El que escribe ha visitado pocos recintos con más encanto que éste para la ejecución y el disfrute de la música en vivo. La coqueta caja de bombones edificada a finales del siglo XIX es el corazón del festival, el lugar ya invita a ese ambiente de germanor – disculpen la catalanada, no encuentro una  acepción castellana adecuada – que se respira allí dentro.

Teatre Principal de Castelló

Aparcando definitivamente las cuestiones económicas, políticas y sentimentales y dejándome llevar por criterios musicales, seguramente el cartel de ésta edición del Tanned Tin no se antojaba tan ambicioso como en los últimos años. Un cartel copado por bandas del sello Acuarela que en su mayoría han girado bastante por la península en los últimos años – véase The Wave Pictures - y encabezado por tres venerados tótems de la música independiente de los 90: Howe Gelb homenajeando la memoria de Johnny Cash con la ejecución íntegra del concierto de éste en la cárcel de San Quentin en el año 1968, Dean Wareham rescatando los temas de Galaxie 500 y Matt Elliott encabezando su proyecto seminal, The Third Eye Foundation.

La primera actuación que tuve la oportunidad de ver fue la de la banda canadiense Picastro, banda que, según la Wikipedia, está enmarcada en el sleep rock, un género totalmente desconocido para un servidor pero que describe bastante bien lo que la banda ofreció. Siendo sinceros, el grupo de Toronto encajaba en una velada marcada por la languidez de las propuestas presentadas, adoleciendo ésta seguramente de algo de canallismo que animase al personal. El formato dúo – la banda no pudo contar con la presencia de su batería Brandon Valdivia – restó matices e interés personal por la actuación, que quedó algo desangelada sin sección rítmica.

Tras éstos, pudimos disfrutar de 45 minutos de música de los desconocidos Callers, un  trío de Nueva York difícilmente clasificable, folk que intenta por momentos jugar con el blues y el jazz apoyados en la calidez de la voz de su cantante, cuya actuación fue en general sobria pero mostrando destellos de brillantez cuando voz, batería y guitarra se soltaron la melena en un par de temas. Un grupo que bien merece una escucha de su, por ahora único, LP Fortune.

Pulsa aquí para ver el video en HD en Vimeo.

Seguramente he sido injusto al no incluir a Luke Haines entre los cabezas de cartel del festival junto con Gleb, Wareham y Elliott. Y es que el bueno de Luke lo merece, tanto por su trayectoria liderando bandas como The Auteurs o Black Box Recorder, como por los grandes temas que ha compuesto a lo largo de su carrera y especialmente por su dominio del escenario, alcanzando altos niveles de empatía con el público. Este último detalle me parece crucial en un festival como el Tanned, cargado de bandas jóvenes con poco rodaje en los escenarios y que por lo general salen, desatan su repertorio con más o menos excelencia y se despiden, sin acabar de conectar en exceso. Salpicar el cartel con artistas veteranos, con cientos de miles de kilómetros a sus espaldas y algo que explicar entre tema y tema siempre se agradece.

Poco después llegó Robin Guthrie para escupir sobre mi ecuación veteranía + genialidad = empatía. El co-fundador de Cocteau Twins nos ofreció un hipnótico, minimalista y sobrio espectáculo audiovisual de 45 minutos. Solo en el escenario, acompañado de sus aparatos electrónicos consiguió hechizar y aborrecer a partes iguales. Combinando momentos  brillantes, lisérgicos, artesanalmente compuestos a base de la superposición de esos riffs tan característicos en la discografía de los escoceses con otros más vulgares - ¿de dónde sacas esos loops tan cutres que metes en algunos temas, Robin Guthrie? – el concierto fluyó acompañado de una etérea pero soberbia proyección hasta su finalización. A remarcar el absoluto respeto del público, en una propuesta con un volumen moderado tirando a bajo, cualquier bocalán podría habernos dado la murga y no pasó en ningún momento.

The Third Eye Foundation

Es la una de la madrugada y parte del equipo técnico encargado de preparar el escenario aparece con una mesa de grandes dimensiones sobre la que The Third Eye Foundation reposará sus portátiles, instrumentos y demás aparatejos. Por cierto, no puedo acabar la crónica sin remarcar el excelente trabajo de los técnicos durante todo el festival. Cual equipo de mecánicos de la Fórmula 1 los artistas iban alternándose en el escenario sin que te dieras cuenta. Volviendo a la actuación: Primera decepción, se cae de la convocatoria Yann Tiersen. Así que el conjunto liderado por Matt Elliott se presenta en formato cuarteto en el escenario y comienzan a atacar sus macs para ofrecernos sus credenciales de pioneros del sonido Bristol y las bases del Trip-Hop que acabarían popularizando artistas como Portishead, Tricky o Massive Attack. Personalmente, no disfruté de la actuación más que en contados momentos en que coquetearon con el acid más old skool. He de reconocer que ya de base, las propuestas electrónicas enmarcables dentro de la música de baile en un teatro de butacas se me antojan un poco absurdas. Si además ves a un músico contrastado como Matt Elliott rasgando una guitarra electroacústica durante muchos minutos sin que esta se llegue a intuir no queda otra que decir que la decepción fue absoluta. Tras esta mala experiencia final como broche a una jornada algo irregular lo mejor era emprender la retirada y esperar que el día siguiente la cosa fuese a mejor, como así fue.

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